El vaso de cristal con los hielos derretidos, entremezclándose con la sobra de lo que quedaba de aquel líquido marrón, estaba encima de la mesita de noche. A su lado, el cenicero con miles de colillas totalmente consumidas.
La brisa del viento de verano entraba por la ventana entreabierta, acompañado de la luz de luna creciente. El humo de otro cigarrilo, casi consumido, salió de sus pulmones por sus labios hasta perderse en la oscuridad de aquella noche.
Los gritos de adolescentes, posiblemente, borrachos llegaron a sus oidos. Patético, pensó. Buscar el alcohol para olvidar, ¿realmente servía para algo? ella pensaba que no, pero aquel año aquella idea había pasado fugazmente por su cabeza varias veces. Eso hacía más ridículo todo aquello.
Se dirigió a la mesita y apagó la colilla, dejando escapar de sus pulmones la nicotina que había dado en la última calada. Cogió el vaso, lo elevó para mirarlo y chasqueó la lengua en molestia.
Optó por meterse en la cama y ahogarse una noche más en su propio veneno. No podia cerrar los ojos. Si lo hacía la atraparían sus pesadillas.
Tomo ni kizamu haritachi ni oku no hou wo kamishimite
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