Tres. Van casi tres y sigue sin acostumbrase a su ausencia. Cada día la echa más de menos. Quiere volver. Sentir la esencia de aquel lugar otra vez, pero al mismo tiempo, tiene miedo. Ya no sabe que hacer para olvidar. Sigue teniendo la sensación de estar en una pesadilla y que tarde o temprano va a despertar. Que podrá coger el teléfono y llamarla. Abrazarla. Pasar con ella media quincena de Septiembre.
Todos esos deseos son una puñalada tras otra. Profundas. Demasiado hirientes. En más de una ocasión, ha pensado lo que ha ido en contra de sus principios desde que tenía conciencia, sumergirse en el veneno del alcohol para que el veneno que recorre su cuerpo no la consuma antes de tiempo.
Un beso y una flor. Un te quiero, una caricia, y un adiós.
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