martes, 3 de mayo de 2011

Contracorriente

Sus ojos gatunos se acostumbraron facilmente a la oscuridad. La brisa que llegaba desde la costa, enredaba su larga melena lisa morena con pequeños reflejos pelirojos.
Llevaba puesto un vestido negro de finos tirantes negros, lo cual dejaba ver su piel medio morena a través de sus brazos, inertes, a ambos lados de su cuerpo.
No caminaba, arrastraba los pies. Cabizbaja. Sin brillo en sus ojos verdes. Todo lo que la rodeaba había perdido, todo su posible sentido. No la quedaba nada. Todo le había sido arrebatado. Ya no tenía nada por lo que luchar. Solo se dejaba llevar hacia donde la guiaban sus pies. El alcantilado.

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