miércoles, 19 de octubre de 2011

Pasión. La cura del pasado.

Al percibir que la histeria volvia a apoderarse de ella, Rafael apretó la cabeza de Elena contra su pecho y la besó con exigencia. La cazadora se quedó paralizada un instante  antes de enterrar las manos en su cabello, antes de girar el cuerpo y colocarse debajo de él y rodearle la cintura con las piernas.
Su beso tenía un tinte deseperado y salvaje. Era un beso salado con el sabor de las lágrimas. Elena quería olvidar y él haría cualquier cosa que estuviera en su mano para ayudarla a encontrar toda la paz posible.
La poseyó con la fuerza que ella deseaba. Le inmovilizó las muñecas sobre las sábanas con una mano y con la otra le separó los muslos antes de introducirse en su interior con una única embestida.
El grito femenino reverberó en su boca. No dejó de besarla ni un momento. No dejó de besarla a pesar de las emociones brutales y dolorosas que teñian esa unión. La besó hasta que ella se apartó en busca de aliento, hasta que sus ojos se quedaron en blanco a causa del placer, de la pasión, del éxtasis. Y luego la besó mientras descendía de las alturas.
-Otra vez - susurró Elena contra sus labios.
Su cazadora acogió una embestida tras otra alzando las caderas con exigencia. Cuando Rafael le soltó las manos, se aferró a él y deslizó la boca por su mejilla, por su mandíbula, por su garganta. Al final, enterró la cabeza en su cuello y se quedó inmóvil...permitiendo que la sujetara, que la protegiera.
Fue su confianza lo que postró de rodillas a Rafael, lo que le impulsó hacia el abismo y hacia sus brazos.

No hay comentarios: