Después de acostarme pensando que he metido la pata hasta el fondo, y con algo oprimiéndome el pecho; me he levantado tal cual. Es en uno de esos días cuando dices que es igual que el anterior y tanto tu cuerpo como el estado de ánimo está ligeramente alicaído como el tiempo.
Después de que me obligaran a desayunar (en grandes cantidades) a las 11 y media de la mañana, he ido a comer (enguñir sería la denominación correcta por falta de tiempo) al wok. He comido las croquetas, las patatas, calamares, algo parecido a los espaguettis y fruta con los palillos. Mi (traidcionera) imaginación me llevó a pensar que al salir de allí estaría en uno de los sitios que más amo. Ingenua de mí. Al salir a la calle, la sensación de metedura de pata y de oprisión ha vuelto a mi. Aunque supongo que así me doy cuenta que la Ley de Murphy existe por algo: es cierta. Ese pensamiento no ayuda, debido a que mis exámenes están a la vuelta de la esquina, como tampoco a que la Navidad esté dos manzanas más allá. Nunca pensé que la odiraría; no la odio, pero ya no me gusta. La idea de encontrarme con ambos recuerdos de golpe no son un buen recordatorio a mis ganas "locas" de..... ni si quiera sé de qué. Sentirme en una familia como me sentí ayer fue una borrachera maravillosa, con la que le acompaña en bajón. Asi que no me hagaís caso, vuelvo a no saber lo que digo.
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