lunes, 6 de diciembre de 2010

El principio del fin.

He (mal)sobrevivido a la semana del 24 al 3. El tres es un día que no quiero recordar. Tendré otra semana como esa y media dentro de poco, pero reducida a cuatro días. Qué emoción, es que si no es demasiado aburrido.
No hay quien comprenda a mi madre. Ni ella, a mi. Sigo sin saber por donde me va a salir en situaciones como éstas.

También ha sido semana de descubrimientos. Mi hermano ha descubierto que le gustan las castañas y el arroz con leche. También que le gustan las palomitas más de lo que él pensaba, eso posiblemente, sea culpa de su hermana. Mi madre por su parte ha descubierto, que las bombonas me odian, cosa que yo llevaba diciéndole desde hace mucho, y que me ato los cordones a estilo gallego. Y yo he descubierto que la voz del señorito Kamenashi me tenía enamorada y ni si quiera lo sabía. También que cocinar me tranquiliza, cosa que nunca había hecho, simplemente me daba igual, ahora no sé si es porque me tiene entretenida, tanto que ayer me quemé (gajes del oficio), o por qué pero me tranquiliza.
Mi complejo de Peter Pan se acentúa a falta de dieciseis días. Sigo pensando en cojer un billete sólo de ida o como cumplir sin cumplir.

Tengo mono de piña, de batido de vainilla, de ver a Tsukasa, de chocolate con plátano, y de viajar. Y la voz de Jun a capella en one love resuena en mi cabeza







Chippoke na boku mo dekiru koto ga aru ka na.
Koko kara doko ka e ikeru toki ga kuru darou ka.

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