viernes, 22 de julio de 2011

Anhelo.

- No puedo - repitió de nuevo. 
Jake le cogió las manos, entrelazó los dedos y le sujetó los brazos por encima de la cabeza. 
- Mírame, cariño. Abre los ojos y mírame. 
Emma sacudió la cabeza sobre las sábanas. Sus dedos se aferraban a los de Jake, sus caderas sentían su cuerpo, que se movía dentro y fuera de ella, desesperada por liberarse.
- Emma, cariño, abre los ojos y mírame. Quiero que me veas. - Su voz se deslizó sobre ella como un tranquilizador bálsamo, le acarició la sensible piel como si se tratara de terciopelo, con ternura - Hemos omitido algo y lo necesitas. Yo lo necesito. 
- Me estoy volviendo loca, Jake. De verdad. Ella me está volviendo loca. - Gimió pegando las caderas a él, agarrándose, intentando conseguir un alivio cuando su cuerpo se negaba a dárselo. 
- Emma - le dijo Jake con suavidad - Ámame. Quiero que me ames. - Su voz sonó ronca y tierna. - Crees que estás separada de tu leopardo, porque hizo lo que tú consideras aborrecible, pero salvó a nuestro hijo. Me salvó a mi. Ella eres tú, Emma. Y tú me amas. Cada vez que me tocas, me amas. Mírame y deja que vea cómo me amas. 
Las calientes lágrimas le quemaban los ojos, pero Emmna se obligó a levantar los párpados y mirar a Jake. Había amor grabado en cada línea de su rostro. Estaba allí, en sus ojos. Jake se inclinó hacia delante y le besó la temblorosa boca mientras sus dedos le pegaban las muñecas a la sábanas. 
- Te quiero, Emma. Y afortunadamente, tú me quieres a mí. 
Jake continuó embistiéndola con fuerza, sumergiéndose profundamente, tirando de sus piernas hacia él y elevándole las caderas para conseguir el ángulo que deseaba, los ojos fijos en los de ella para que no pudiera dejar de ver el amor que había en ellos. 
Emma abrió los ojos de par en par, vidriosos, cuando el orgasmo la atravesó, destruyendo todo lo que era, haciéndola añacos con exquisito placer, haciéndola totalmente suya. Gritó cuando todos los huesos en su cuerpo parecieron fundirse en él, cuando compartieron la misma piel, el mismo cuerpo, la misma alma. 
Jake se vació en su interior al sentir que el placer lo atravesaba más allá de cualquier cosa que hubiera conocido. Se dejó caer y la abrazó con fuerza mientras el cuerpo de Emma se ondulaba y mecía a su alrededor. Hundió el rostro, caliente por sus propias lágrimas, contra su garganta, marcada por heridas que había recibido defendiendo a su hijo. 
Emma le acarició el muslo. Le acarició la cicatriz con los dedos. 
- Te quiero, Emma. No puedo vivir sin ti ni quiero hacerlo. No podemos separar el amor del sexo. Tú me enseñaste eso. No importa que nos sintamos como felinos, rudos y bruscos, o más como mi Emma, tierna y dulce, estamos haciendo el amor. Estamos destrándonos el uno al otro nuestro amor. Es lo mismo. Tú nos salvaste la vida con tu coraje. Y me diste el coraje necesario para amarte.




~ Embrujo (Christine Feehan) ~




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