¿Quién ha entrado? Por odo el salón hay repartidas pequeñas velas perfumadas, encendidas. Las llamas bailan movidas por una ligera brisa. Una música suave se difunde por toda la casa. Un perfume hace que resulte más limpia y fresca. En el centro del salón, en el suelo, hay dos recipientes de barro, grandes y bajos, de color claro, llenos de pétalos de rosa. Y de ellos emana un perfume aún más fuerte, embriagador. No sabe qué pensar. Solo otra persona tiene las llaves de esa casa. El productor. Pero en ese preciso instante, su duda, ese miedo, esa extraña preocupación, se desvanece. De la penumbra del dormitorio sale ella. Un kimono blanco, con pequeños dibujos bordados en plata, lo mismo que la cinta que le ciñe la cintura con pequeñas sandalias en los pies. Las manos juntas frente al pecho. El cabello recogido, tan solo un pequeño mechón castaño claro ha logrado escapar de esa captura.
- Aquí estoy, mi señor - sonríe
Él tiene ante sí a la geisha más hermosa que haya visto jamás
- ¿Cómo lo has hecho?
- No me pregunte, mi señor. Hoy tus deseos son órdenes.
Y le quita la chaqueta, que deja bien doblada sobre el sillón de la sala. Lo hace sentar, le quita los zapatos, los calcetines, los pantalones, la camisa.
- Pero quisiera saber como lo has hecho
- Un amigo suyo lo hizo posible. - Ella hace que se ponga un suave kimono negro. - Y me pidió que le diese esto. - Le entrega una nota.
Ha insistido tanto que no he podido negarme. Le hemos pedido las llaves al productor, hemos hecho una copia y se las hemos devuelto. Creo que en ocasiones, vale la pena, arriesgarse por una buena velada.
PD: yo invito al champán. A lo demás...no. Espero que cuando vuelvas no me caiga una buena, pero espero que al menos haya valido la pena.
Fdo_JM
Dobla la nota. Justo en ese momento, oye que descorchan una botella a sus espaldas. Está sirviendo dos copas de champán. Le ofrece una.
- Por el amor que desees, mi señor, y por tu sonrisa más bella que espero esboces siempre por mi.
Y brindan con sus copas. Un leve tinteneo se expande por el salón, mientras beben el champán frío, helado, perfecto, seco. Como su mano, que poco después lo conduce hacia el baño. Le quita el kimono y lo ayuda a entrar en la bañera que poco antes habia preparado
- Relájate, amor.
Él se sumerge en el agua caliente, pero no en exceso. Temperatura perfecta. En el borde la bañera hay unos pequeños cuencos con velas de vainilla dentro. En el fondo, se disuelven pequeños cristales de sales minerales azules. Y poco a poco la bañera se llena de una espuma ligera que perfuma el agua. Se deja resbalar hacia dentro, mete la cabeza bajo el agua, cierra los ojos. En medio de ese silencio, la música llega muy suave y lejana al agua. Todo como amortiguado. Todo tranquilo, piensa. Y se relaja por completo. Incluso su pelo ondea dejándose acunar por esa calma acuática. Poco después, algo le roza las piernas. Se echa hacia arriba, emerge de nuevo, escupe un poco de agua. Y la ve. Como una pequeña pantera. Se sube sobre él completamente desnuda. Apoya una pierna, luego la otra, las dobla. Luego un brazo y después el otro, y así sigue avanzando, seca todavía, dentro de ese agua hecha de pequeñas burbujas perfumadas . Con la boca abierta, sedienta de amor, se deja resbalar sobre él, sobre su cuerpo. Y baja cada vez más, hasta sumergirse también. Ahora solo se ve su espalda y sus cabellos mojados. Y emerge otra vez, mojada, con el agua resbalándole por la cara, por el cuello. Lo besa. Y otro más.Y otro. De dos bocas perdidas, que resbalan, que se encuentran, que no se detienen, que se aman. Y hacia abajo de nuevo sin pudor, perfecta que se halla en el placer de su hombre, su única felicidad. Hasta el fondo. Hasta colorear ese agua azul y perfumada de posible vida.
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